EL ESCRITOR…
La extraordinaria fama que ha adquirido Cervantes en todo el mundo como creador de la novela moderna se corresponde muy poco con la que tuvo en vida, en la que, si bien tuvo cierto éxito con el Quijote, pasó por muchas penalidades, vivió desdeñado por los ingenios de su tiempo y murió pobre de solemnidad. Hijo de un cirujano con pretensiones de hidalguía, tuvo que huir a Italia a causa de un incidente en que causó heridas a su oponente. Se enroló como soldado y participó en la batalla de Lepanto (1571), donde fue herido en el brazo izquierdo a consecuencia de lo cual perdió el movimiento de la mano. De vuelta a España, fue capturado por los piratas berberiscos y pasó más de cinco años de cautiverio en Argel hasta que fue rescatado por los frailes trinitarios.
A su llegada a España buscó un empleo en la Corte o en América que nunca consiguió. Como recaudador en Andalucía tuvo tan poca suerte que acabó en la cárcel. Al seguir a la Corte a Valladolid, se vio envuelto en un oscuro suceso con muerte relacionado con sus hermanas, su hija y su sobrina, a las que apodaban “las Cervantas”. Sus intentos de triunfar en el mundo literario acabaron igualmente en fracaso hasta sus últimos años, en que, a raíz de la publicación de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605, alcanzó notoriedad que no se tradujo en dinero. En 1615, en la Aprobación de la segunda parte del Quijote, el licenciado Márquez Torres cuenta cómo varios caballeros franceses se admiraron de que tal ingenio, digno de ser “sustentado por el erario público”, fuese tan pobre. Pero pobre murió, y como tal fue enterrado por la Orden Tercera de San Francisco, a la que pertenecía Cervantes.








